De
las lágrimas prominentes e hígado poco funcional, de las risotadas ordinarias y
emociones
limítrofes; esa eres.
Un año de psicóloga te
ayudaron a atenuar la pena pero no a crecer en identidad, ni voluntad; porque
con 52 años te mantienes siendo la hermana menor de la familia y eso, no va a
cambiar.
Recuerdos varios
escándalos provocados por el alcohol, resacas que disfrazadas de vértigos,
hacían que recibieras el cuidado de padre y hermanas, sin importar tu edad.
Situaciones son varias,
pero ninguna tan memorable como la vez cuando el pipeño fue tan fuerte que
hiciste llorar a un cuarto de la familia, generaste conflictos y una imagen
negativa a una recién llegada.
Aquella vez fuiste
depositada en tu cama, como un bulto, que no caminaba ni se comunicaba; pero al
menos pudiste ver con más claridad algunas cosas de la realidad.
Trabajadora, decidida,
pero inmadura, eso eres.
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