jueves, 27 de octubre de 2016

El amor en tiempos de grindr

La primera vez fui casi sin esperanzas, la correspondencia anterior había sido casi nula y por lo tanto mis expectativas al respecto eran minúsculas. Estaba nervioso, aunque siempre me pongo así hasta el día de hoy; me preocupe de verme como me había descrito y fotográficamente decente, íbamos a tomar fotografías y también, la imagen es lo primero que uno muestra.
Caminamos, la confianza fue naciendo mientras la hora pasaba, en cierto punto la barrera física se rompió y ahí todo cambio. De estar viendo las fotos que habíamos tomado, traspasamos el espacio íntimo y nos besamos. Nos besamos por horas, incluso olvidando nuestras responsabilidades.
Después de eso, las citas se volvieron constantes y generaron una ilusión de mi parte, como también lo fueron constantes los rechazos a lo largo del tiempo.
La segunda vez accedí sin querer hacerlo realmente, pero el frío y mi situación de ese momento generaron el espacio para que ilusamente fuera a su casa. Nada va a pasar – me dije al saludarlo con ánimos. A primera vista la expectativa no había sido cumplida, pero la carne es débil dicen.
Con el estómago lleno y la lluvia cayendo fuera de la casa, comenzaron los abrazos, los besos y los manoseos, si no hubiese tenido planes, no sé qué hubiese pasado. Jamás me siento tan cómodo con alguien y creo que eso fue lo que gatilló que pasara lo que pasara.
Con el pasar de las semanas, volví a mi postura inicial y me di cuenta que algo no puede seguir si solo uno está interesado en serio.
La tercera vez, no hubo besos, pero si abrazos, alcohol y mucha conversación. Supongo que mis expectativas eran mayores que eso, pues mis experiencias anteriores habían sido positivas y nuestros gustos congeniaban casi excesivamente, sin mencionar que la conversación en el chat fluía casi como si nos conociéramos desde hace mucho tiempo.
Mi interés era tan grande que incluso viaje a otra ciudad a conocerle, esperé por más de una hora. La cita fue satisfactoria, pero a pesar de eso no volvimos a vernos. Siendo sincero, aun desearía verle.
Mi cuarta experiencia, fue la más alejada de la realidad, pero la más intensa y caótica. Después de casi dos meses rogando vernos en vivo, de casi declaraciones de amor a través de redes sociales y de soñarnos juntos, el día en que nos conocimos cara a cara solo fue un lindo recuerdo.
Creo que lo que más me atrajo fue la inocencia real que tenía este personaje, cosa que se ve poco en este tipo de redes. Incluso se convirtió en mis deseos de cumpleaños y navidad, pero a pesar de eso, no se vive de esperanza ni menos de enamoramientos.
Después de estar abrazados, tomados de la mano, riéndonos, mirándonos a los ojos; jamás esperé la desconocida que vino. Fui negado y burlado, de sentirme hermoso llegue a sentirme una basura. Todo fue una ilusión y nada más.
La quinta experiencia, la definiría como la más extraña. Amistad absoluta: películas, conversación, dibujos y jamás un indicio de lo que pasaría realmente. Por más de un mes todo fue normal, nadie diría que la mezcla de buena onda, alcohol y la rotura de la barrera física, podrían generar algo a futuro.
Todavía en contexto de casi mejores amigos, comenzaron a aparecer los abrazos, las caricias, los halagos y las palabras bonitas. La situación se tornó tan tirante, que todo explotó y nadie cayó herido, al menos no hasta ese momento.
Los besos, las miradas, la ternura y la tensión sexual hicieron lo suyo; dicen que cuando tienes una conversación interesante, la excitación es más placentera.
Todo fue en aumento, hasta que quizás llego a su pick: ya no parecíamos amigos y ninguno de los dos quería realmente dejar de serlo.

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