viernes, 28 de octubre de 2016

Morgana: El carrete no es lo único que importa



Las identidades más ocultas que puedes encontrar en lo más recóndito del puerto, están representadas en carretes y edificios olvidados.
Al encontrar mi identidad musical definitiva, ya estando en la universidad, comencé a ser más quisquilloso al elegir un lugar donde ir de fiesta, pues el copete dejó de ser el componente principal en mis veladas. A pasos de la plaza Echaurren en Valparaíso y en pleno Barrio Puerto, encontré a Morgana, discoteque alternativa centrada a un público underground y que reúne todos los fines de semana a lo menos visible de la sociedad.
Cada personaje que asiste a este recinto tiene una historia propia; como la muchacha transgénero que está parada en la entrada, que viste harapos negros, excesivo delineador del mismo color y que con una temple ronco, vende jales al hombre cincuentón de voz aguda, contextura gruesa y que durante el día ofrece hospedaje afuera del terminal de la ciudad, a diferencia de las noches, donde vive en soledad su propio carrete fuera del club.
En esa misma entrada, apareció un rallado que llama la atención de quien pase por ahí y ponga un poco de atención: “NO AL LUCRO CON EL PUNK” reza con un spray rojo en la puerta sobre la puerta metálica.




Dicho espacio se define en el saber popular por tres puntos específicos: lo primero es el mito urbano de ser uno de los peores antros de la ciudad, también por el tipo de música que se toca: desde el new wave al industrial, tipología musical electrónica que se mezcla con sonidos dark y porque sirve de refugio durante las noches de fin de semana a jóvenes que habitan casas okupa o tienen estéticas oscuras, cercanas al punk o el gótico.
El sonido y lo bajo de los precios del licor, como el popular vaso de cerveza de medio litro a setecientos pesos o la piscola a luca, hicieron que el lugar fuera poblado por otro tipo de gente y pareciendo más accesible al carretero común.
Al irse haciendo popular, empezó a orientarse a otros públicos; suavizó su sonido característico, mezclándolo con indie pop y comenzó cobrar una cuota para hacer ingreso al local, situación que quitó fidelidad a su público original y bajó notoriamente el número en su clientela, pues uno de sus plus era ser prácticamente el único local alternativo en la ciudad que no requería dinero para poder ingresar.
De ese modo, las constantes peleas a las afueras fueron atenuadas, el ambiente de distorsión y excesos de las calles aledañas también fue en disminución, pero en algunas noches la afluencia de público no superaba las treinta personas entre las dos pistas.
Morgana es una gran experiencia como tal casi siempre, incluso si no eres parte de la audiencia objetiva; esta puede ser positiva o negativa, pero experiencia a pesar de todo. Puedes dejarte llevar por la música, salir drogado o, en el peor de los casos, estar tan borracho que alguien te encierra en el baño y te besa sin tu consentimiento, como me pasó a mí.
El espacio en donde se hacían constantemente tocatas punk, fiestas en honor a la popular transformista Hija de Perra, donde cualquiera entraba gratis y bailaba a su pinta, donde podías encontrar a lo más raro de la fauna juvenil del puerto, se había capitalizado y al parecer a la administración no pareció molestarle.
El apogeo popular del lugar hacía vaticinar su inevitable declive, adelantó una realidad que se veía venir: Al igual que muchos edificios en Valparaíso, el que acogió al espacio durante años, será demolido al corto plazo y su cierre, o cambio es inminente.
Todos esos momentos en donde conocí gente agradable y otra que no tanto, esas noches donde quedé casi desnudo de tanto bailar, perdí ropa y dignidad, se quedarán en los restos de concreto y metal que  habrán después de su destrucción.
Valparaíso, una ciudad llena de jóvenes, tanto universitarios y simples provincianos que aburridos de la rutina de sus vidas, visitan o incluso habitan la ciudad en búsqueda de adrenalina, nuevas experiencias y carrete. Morgana es un emblema de lo bizarro, una oda al sector más punk del puerto, a la falta de vergüenza y que poco a poco va desapareciendo.
Lo que a criterio personal es lo más interesante de este rallado, son las historias que guarda y suceden en este mismo espacio, pues la gente que carretea ahí o en lugares aledaños, como el mítico bar Las Cachas Grandes, pasa gran parte del tiempo en la calle, bebiendo cervezas, compartiendo cigarros, incluso hay personas que no entran a los locales y simplemente quedan sentados en la vereda.
Noches en las que fui al antro underground, pero no sentí que valía la pena pagar una entrada o simplemente no tenía el dinero, me quedé por horas afuera conversando, bebiendo o incluso fumando hierba, ya que nadie cuestiona estas actitudes en la vía pública, pues estas calles parecieran no tener dios ni ley.
Caminando por calle Clave, puedes encontrar muchas historias de distorsión y marginalidad, cercana a sucesos de desastre como los ocurridos en sus transversales, Cochrane y Serrano, es una ubicación que no muchos porteños se atreverían a recorrer solitarios a altas horas de la noche. Incendios, asesinatos, drogadictos, mendigos y personas que parecieran haber perdido su rumbo, es lo mínimo que puedes encontrarte si transitas por ahí en ese horario.
Pero dichos problemas, representan a una identidad que nace en la juventud de lo más marginal del puerto y que prefiere, vivir libre a vivir cómodo y tranquilo.
En síntesis, irrelevante de si el local  abrirá en otra ubicación o no, el problema es mayor y es algo que se repite en esta ciudad, pues siempre sucede lo mismo: edificios patrimoniales y lugares llenos de recuerdo en mal estado, que en vez de ser mantenidos y restaurados, simplemente son demolidos, destrucción física que también entierra a las memorias de los habitantes y asistentes, junto a los escombros de la edificación.

jueves, 27 de octubre de 2016

¿Pa qué escribir?



Escribo para no morirme, escribo para autoterapearme, para no olvidarme, pa leerme y recordar.

Y algo que se repite en mis ideas eres tú, que me haces sentir una carga, que te molesto y te aburro. Entonces si vuelvo a hacer molesto otra vez, por favor cortemos todo, porque me carga sentirme así
No quiero interponerme en nada de tu vida, no quiero obligarte a verme, pero uno es rutinario y se acostumbra a las personas, a los amigos y a la familia. Incluso les extrañas sabiendo que al verlos lo pasarás mal, pero el verlos por mal por bien te llena un poco.

No quiero ser molesto, no quiero ser indigno, no quiero sentirme solo.

O.K - Eskiemux

Escritura libre generada a partir de escuchar un disco por primera vez.



La desesperación del sentimiento acelera la realidad, la distorsiona, la difumina, la cambia.
Perspectivas nubladas por el querer ser o el desear tener.
Creer es difícil con tanta decepción.
¿Cobarde o Libre?
Nada, no importa de todos modos.

Videojuegos que plantean una realidad alterna, una realidad en la que no quiero creer, pero en la que sí quiero pertenecer.
Pues ¿Qué es peor? El no ser parte de nada o vivir en una realidad que no es la que quieres ver
¿Qué pasa si todo es “peor”?

Se habla de la sociedad de la imagen, pero la imagen siempre ha liderado casi de manera instintiva.
El hombre cavernícola sí sintió atracción a una imagen, imagen que lo hizo desear y reproducirse.
La imagen pesa y no dejara de hacerlo, la superficialidad tampoco
Siempre hay espacio para un pelo rubio y combinado músculos abultados o tetas redondas.

Caminan en el mismo grupo, el menor lo observa y se ríe, ambos me miran casi sin expresión. Soy escenografía en la fabulosa copia de un pequeño Edén, un árbol en la felicidad de otros.
Mírame, por favor, no paro de mirarte, dame likes de Facebook en la vida real. Lo sé, no puedo evitarlo; soy patético, soy cerdo, soy feo, pero por favor, mírame aunque sea por un ratito.

Cada vez que vuelvo a mi casa, siempre veo casas iguales; casas que parecen maquetas de cajitas de fosforo pegadas unas a otras, en donde no hay más vida que la que yo mismo creo en mi cabeza.
En dónde nadie habla con nadie, en donde predomina lo individual.

Ver películas es terapéutico. Me autoterapéo viendo cine y comparando mi  miseria con la de los personajes e intentando que siempre puedes salir de dicho problema, pero la ficción es ficción.

Si vi películas, di besos, comí chatarra, hablé de música y fui fiel ¿por qué rayos no puedo ser feliz con otro-el?

Escuchar música Lo-fi es bonito ¿entiendes por qué?